Y lo abrazó.
En el pasillo humilde, con vecinos subiendo bolsas del súper y olor a frijoles saliendo de las puertas, Emiliano la abrazó de vuelta como si hubiera estado aguantando la respiración durante semanas y por fin pudiera soltarla.
Cuando se separaron, él sonrió con una tristeza nueva, más liviana.
—Mateo está abajo, ¿verdad?
Camila rió entre lágrimas.
—Y seguramente ya se desesperó.
—Lucía va a gritar de emoción.
No se equivocó.
Seis meses después, los cuatro estaban otra vez en el parque, pero ya no en bancas separadas. Ahora sobre una manta grande, con una canasta de comida y dos niños corriendo entre el pasto como si hubieran nacido para encontrarse.
Lucía llevaba los tenis rosas ya gastados de tanto usarlos. Mateo insistía en que eran tenis de “corredora profesional”. Camila descansaba recargada en el hombro de Emiliano. Él le acariciaba distraídamente los dedos mientras miraban a los niños perseguir mariposas imaginarias.
—Hay algo que necesito decirte —murmuró Camila.
Emiliano la miró.
—Dímelo.
Ella apretó su mano.
—Después de que murió mi esposo, pensé que jamás volvería a amar a nadie. Creí que esa parte de mí también había sido enterrada. Y luego apareciste tú, con Lucía, con tu dignidad herida y tu corazón enorme… y poco a poco me devolviste cosas que creí perdidas.
Emiliano sintió que la voz se le cerraba.
—Tú también me devolviste muchas —dijo.
Camila lo miró de frente, sin esconder nada.
—Te amo.
Él sonrió, con los ojos brillando.
—Yo también te amo.
Se besaron despacio, sin espectáculo, mientras los niños seguían jugando y el sol comenzaba a caer sobre el parque con colores naranjas y dorados.
Más tarde, en el coche, Lucía iba atrás tomada de la mano de Mateo, contándole un plan complicadísimo para construir una casa con jardín “de verdad, no de dibujo”. Camila llevaba la mano entrelazada con la de Emiliano sobre la palanca de velocidades.
—¿En qué piensas? —preguntó él.
Ella miró por el parabrisas, luego por el retrovisor donde se reflejaban las risas de los niños.
—En que la vida a veces cambia con cosas muy pequeñas.
próxima