Mamá, le di tu casa a mis suegros. Pensé que ibas a morir.
Esas palabras salieron de la boca de mi hijo como si fueran simples, como quien comenta el clima o pide un vaso de agua. Pero para mí, todavía acostada en aquella cama de hospital, con el cuerpo débil y la mente tratando de entender dónde estaba, esas palabras fueron como un golpe en el pecho.
Acababa de despertar de un coma que duró 6 meses. Seis meses donde mi cuerpo descansó. Pero mi alma, mi alma no sé dónde estuvo. Y lo primero que mi único hijo me dijo no fue, “Gracias a Dios estás viva”. No fue, “Mamá, tenía tanto miedo de perderte”. No. Fue que había entregado mi casa, la casa que construí con mis propias manos, con mi sudor, con mis años de trabajo, a sus suegros porque pensó que yo iba a morir.
Me llamo Magdalena Tlapanco. Tengo 60 años y esta es mi historia.
próxima