El niño sin hogar fue golpeado mientras protegía a la hija de un motociclista de los acosadores. ¿Qué hizo después la pandilla Hells Angels? A Matías no le quedaba casi nada en el mundo. No tenía casa fija, no tenía padre, no tenía madre, y tampoco tenía a nadie que se preocupara si pasaba la noche bajo el puente, detrás de una tienda abandonada o en la banca fría de una plaza. A sus doce años ya conocía demasiado bien el hambre, el olor de la lluvia en la ropa que no alcanz… En voir plus

Matías no supo qué decir.

—Te quedarás aquí esta noche —continuó Ramiro—. Mañana veremos qué sigue.

—No necesito caridad —murmuró el niño, por puro orgullo.

El Cuervo soltó una exhalación seca, casi una risa.

—No te la estoy ofreciendo. Te estoy pagando una deuda.

Ximena sonrió, satisfecha.

—Te dije que mi papá iba a venir.

Aquella madrugada llevaron a uno de los agresores al club. Se llamaba Tadeo. Entró temblando, empujado por dos hombres enormes. Venía pálido, con la prepotencia hecha pedazos.

Matías, adolorido y vendado, estaba sentado en un sillón con una cobija sobre las piernas. Ximena dormía a un lado, recargada en su hombro.

Ramiro se puso de pie frente al muchacho.

—Míralo —ordenó, señalando a Matías—. Doce años. Flaco, golpeado, solo. Y tuvo más valor que tú.

Tadeo tragó saliva.

—Yo… yo no quería que llegara tan lejos.

—Pero llegaste —replicó el Cuervo.

El chico empezó a llorar. Habló de envidia, de rabia, de que querían asustar a Ximena porque todos en la colonia la trataban con cuidado por ser hija del Cuervo. Confesó el nombre de su cómplice y hasta dónde había llegado cada golpe.

Todos esperaban que Ramiro ordenara una paliza. Matías también.

Pero, para sorpresa de todos, el hombre volteó hacia él.

—Tú recibiste los golpes. Tú dime qué hago.

El salón quedó inmóvil.