Mateo sintió una vibración diminuta, casi imperceptible, bajo la yema de su dedo índice.
El niño actuó con la velocidad de un relámpago.
Levantó al bebé de 5 meses de la camilla térmica, apoyándolo sobre su antebrazo izquierdo y reclinándolo hacia abajo, exactamente como Don Chema le había enseñado a hacer 2 años atrás, cuando un cachorro callejero se estaba ahogando con la tapa de un garrafón de agua en el vertedero.
Una palmada firme en la espalda.
3.
El Doctor Villalobos gritó horrorizado: “¡Deténganlo! ¡Le va a causar un trauma cervical post-mortem!”
- Al dar la cuarta palmada, Mateo llevó su mano derecha debajo de la mandíbula del bebé, justo donde el aceite había lubricado la piel, y dio un empuje rápido, ascendente y sumamente preciso.
Un objeto pequeño, duro y rojo salió disparado de la boca del bebé.
La semilla de ojo de venado voló por los aires y golpeó el impoluto suelo de mármol del hospital con un chasquido seco que resonó como un disparo en la habitación.
Durante 1 segundo que pareció durar una eternidad, absolutamente nadie se movió. El aire se contuvo.
Y luego—
Un llanto.
próxima