“Fingí estar enferma para faltar a la escuela, pero lo que descubrí esa tarde en mi propia casa casi destruye a mi familia para siempre…”Esa mañana comenzó con una pequeña e inofensiva mentira, de esas que muchas niñas de doce años cuentan al menos una vez. Valeria estaba acurrucada bajo las mantas, intentando parecer pálida y desdichada. Cuando su madre se asomó a la habitación, la niña se llevó una mano a la frente y susurró débilmente que le dolía mucho la cabeza y que no … Voir plus
—Me salvaste —susurró una y otra vez.
Días después, Don Alejandro Ríos visitó su apartamento. Con lágrimas en los ojos, le regaló a Valeria una pequeña cadena de oro con un colgante en forma de escudo.
—Por tu valentía —dijo.
Pasaron los años.
Leticia cumplió su condena de prisión y posteriormente escribió cartas pidiendo perdón. Carmen finalmente la perdonó, aunque su relación nunca volvió a ser la misma.
Para Valeria, ese día lo cambió todo.
El hecho de haber estado a punto de perder a su madre a causa de una injusticia despertó en ella algo poderoso: una pasión por la verdad que la acompañaría toda la vida.
Años después, la chica que una vez fingió estar enferma para no ir a la escuela se graduó con honores de una de las mejores facultades de derecho del país.
Se convirtió en una abogada brillante, dedicada a defender a los inocentes.
Y bajo las luces de la sala del tribunal, descansando discretamente sobre su clavícula, el pequeño colgante de oro siempre le recordaba el día en que descubrió quién estaba destinada a ser.