Ahora lo único que tenía que hacer… era esperar.
A las 6:30 de la tarde, Carmen regresó a casa exhausta pero sonriente, llevando gelatina para su hija “enferma”.
Valeria la abrazó con fuerza.
—Me siento mucho mejor, mamá —dijo.
Acababan de sentarse en la cocina cuando sonó el timbre con fuerza.
A continuación se oyeron tres golpes secos.
Carmen abrió la puerta y se encontró con dos agentes y una mujer vestida de traje.
—¿Señora Carmen Mendoza? —preguntó el comandante Garza—. Policía de Investigación. Recibimos una denuncia anónima que indica que en esta dirección se encuentran bienes robados de la joyería El Resplandor. Contamos con una orden de registro.
Carmen palideció.
—Debe haber un error —dijo nerviosamente.
—Ya veremos —respondió Garza.
Los agentes comenzaron a registrar el apartamento.
próxima