8 Médicos Se Rindieron Con El Bebé Del Multimillonario Hasta Que Un Niño Pepenador Hizo Lo Impensable 8 especialistas de élite permanecían en un silencio sepulcral alrededor de la cama en la suite más exclusiva del Hospital Ángeles en la Ciudad de México. El monitor cardíaco de última generación mostraba una sola línea verde, larga e ininterrumpida.
En lugar de eso, caminó más de 12 kilómetros cruzando la ciudad para devolverla.
Cuando logró esquivar la recepción y llegó hasta el pasillo del piso VIP guiado por los murmullos de las enfermeras sobre “la tragedia del bebé de los Garza”, se encontró con el caos.
Alejandro Garza estaba de pie, petrificado, con el rostro gris. Su esposa, Valeria, una mujer de la alta sociedad capitalina, sollozaba histéricamente, aferrada a su bolso de diseñador. Los 8 médicos rodeaban la incubadora con expresiones de derrota profesional.
“No hay nada más que la ciencia pueda hacer, Don Alejandro”, dictaminó con voz grave el Doctor Villalobos, el jefe de pediatría. “Existe una obstrucción severa y atípica en las vías respiratorias. Las tomografías no muestran ningún objeto extraño metálico ni orgánico denso. Sospechamos que fue una masa interna de desarrollo espontáneo, un tumor indetectable que colapsó la tráquea”.