Algo en su interior cambió.
Durante años, la culpa lo había perseguido como una sombra.
Pero estar allí de pie junto a una niña de ocho años que finalmente no estaba corriendo…
Se dio cuenta de algo.
Quizás salvar a Lily no tenía que ver con el dinero.
Quizás ni siquiera se trataba de redención.
Tal vez se trataba de elegir no apartar la mirada dos veces.
Afuera, las luces de la ciudad brillaban.
En el interior, por primera vez en mucho tiempo…
El ático ya no se sentía vacío.
Y Lily no se sentía sola.