Tú eres un dictador disfrazado de presidente. Las palabras de Pablo Iglesias resonaron en todo el estudio de la sexta. Las cámaras enfocaron inmediatamente a Nayib Bukele, sentado al otro lado de la mesa de debate, su gorra hacia atrás, su expresión completamente inmóvil. El público español contenía la respiración.

La izquierda, liderada por figuras como Pablo Iglesias, lo veía como un autoritario disfrazado de modernizador, un peligro para la democracia regional. Pablo Iglesias, exvicepresidente de España y fundador de Podemos, había estado esperando este momento. Desde que Bukele implementó su controvertido estado de excepción para combatir a las pandillas, Iglesias había sido uno de sus críticos más vocales en Europa, acusándolo en Twitter, en artículos de opinión, en entrevistas de ser un Chávez con iPhone o un dictador

melenial. Cuando la sexta propuso un debate cara a cara entre Iglesias y Bukele durante la visita del presidente salvadoreño, Iglesias aceptó inmediatamente. Esta era su oportunidad de desenmascarar a Bukele frente a millones de espectadores españoles y latinoamericanos de exponerlo como el autoritario que según iglesias realmente era.

Bukele también aceptó. Sus asesores le advirtieron que era una trampa, que Iglesias era un debatidor experimentado en terreno español, que los medios estaban cesgados en su contra. Bukele los escuchó y respondió con una sola pregunta. ¿Tiene miedo Pablo de debatir con datos? El formato era simple. 90 minutos de debate moderado por Ana Pastor, una de las periodistas más respetadas de España, sin audiencia en vivo debido a restricciones de COVID, pero transmitido simultáneamente en España y toda América Latina.

Tres segmentos: democracia y derechos humanos, economía y seguridad y futuro de la región. La trampa de iglesias era obvia desde el principio. Iba a enmarcar todo dentro de la narrativa de dictadura versus democracia. iba a comparar a Bukele con los líderes autoritarios de la región, a presionarlo sobre arrestos de supuestos opositores, a cuestionar cada medida de seguridad como un paso hacia el totalitarismo.

Lo que Iglesias no anticipó era que Bukele no iba a jugar ese juego. El debate comenzó con Ana Pastor haciendo la pregunta de apertura a iglesias. ¿Por qué considera usted que el presidente Bukele representa un peligro para la democracia latinoamericana? Iglesia se inclinó hacia adelante con esa expresión seria que había perfeccionado durante años de política española. Ana, gracias por la pregunta.

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