Pero ahora sé: el amor no es lo que te dan, sino lo que nunca te quitan.
Y cada noche antes de dormir, todavía preparo un vaso de agua tibia: miel, manzanilla y nada más.
Lo alzo hacia mi reflejo y susurro:
—Para la mujer que por fin despertó.
Pero ahora sé: el amor no es lo que te dan, sino lo que nunca te quitan.
Y cada noche antes de dormir, todavía preparo un vaso de agua tibia: miel, manzanilla y nada más.
Lo alzo hacia mi reflejo y susurro:
—Para la mujer que por fin despertó.