Mi esposo se fue a trabajar y olvidó su teléfono en casa. Escuché su buzón de voz, y un niño desconocido dijo: “HOLA PAPÁ” ______________________________________ Tengo 32 años y solía pensar que la infertilidad era el peor dolor que una mujer podía sentir.
“Te echo de menos, papá. ¿Cuándo vuelves a casa? Mamá dice que ahora no puedo verte, pero espero de verdad que se equivoque. Te quiero”.
El mensaje terminó con un pitido y me quedé de pie en la cocina, mirando el teléfono como si se hubiera convertido en una serpiente.
Papá. Aquel niño había llamado papá a mi marido.