Mi esposo se fue a trabajar y olvidó su teléfono en casa. Escuché su buzón de voz, y un niño desconocido dijo: “HOLA PAPÁ” ______________________________________ Tengo 32 años y solía pensar que la infertilidad era el peor dolor que una mujer podía sentir.
“Supongo que nunca llegaré a ser un padre de verdad. Gracias”.
Decía estas cosas con una sonrisita, como si fueran bromas. Como si yo tuviera que reírme con él. Pero cada palabra caía como un puñetazo.

Primer plano de los ojos de un hombre | Fuente: Unsplash
Me encerraba en el baño y lloraba mientras él se sentaba en el sofá a ver deportes, sin venir ni una sola vez a ver si estaba bien.
A veces estábamos en el supermercado y él veía a un niño con una rabieta. Suspiraba y decía: “Debe de ser bonito tener problemas así”.
Sentía como si mi incapacidad para darle hijos fuera una especie de insulto personal que había decidido infligirle.