—Creí que siempre estaría sola contra él —susurró.
Alejandro la miró como si la viera por primera vez de verdad.
—No está sola. No si me permite quedarme.
Más tarde, en la calma de la alcoba, el fuego ardía bajo y dorado. Alejandro se detuvo frente a ella.
—Me casé por deber —dijo—. Esperaba no sentir nada. Temía su belleza porque me hacía desearla, y desear algo me asusta más que perder dinero. Me escondí detrás del orgullo.
Eloísa levantó los ojos hacia él.
—Yo me escondí detrás de una mentira fea para sobrevivir. Nunca quise destruirlo.
Alejandro negó despacio.





