Un asiento te cuesta unos minutos de comodidad. Para una persona mayor, puede ser la diferencia entre llegar bien o llegar exhausto, con dolor o inestable.
3) Establece la cultura
Cuando la gente ofrece asientos, se crea una costumbre en la que los demás también lo hacen. Cuando nadie lo hace, todos se vuelven más fríos. En ambos casos, la situación se propaga rápidamente.
La parte que la gente no dice en voz alta
No todos los jóvenes que están sentados son “perezosos”. Algunos están lidiando con:
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discapacidades invisibles (dolor de espalda/rodilla, enfermedades crónicas)
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fatiga por el trabajo/escuela
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lesión
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embarazo (a veces no es evidente)
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